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jueves, 13 de abril de 2017

CAMINO DE SANTIAGO

El Camino de Santiago

miércoles, 10 de septiembre de 2014

TIERRAS DE SORIA





Machado, Gerardo Diego y Bécquer eligieron Soria para inspirarse, para soñar y para vivir sus experiencias. Callejear por Soria es revivir poemas y textos de los principales poetas de España. Reconocer dónde vivieron, dónde trabajaron o dónde se inspiraron son algunas de las numerosas «experiencias» que descubriremos en Soria durante nuestra visita. Además, todo ello con la compañía del Duero, que nos ofrecerá paisajes y momentos de gran belleza.
Cruzando el puente de piedra nos encontramos con el impresionante Monte de las Ánimas, y muy cerca de él divisamos la iglesia y el claustro abierto de San Juan de Duero, que todos conocemos como «Arcos de San Juan de Duero».




El monte de las Ánimas, al igual que la iglesia que vemos el la margen del río pertenecía a los Templarios, una orden de guerreros religiosos, que una vez que Soria fue conquistada a los moros fueron llamados por el rey para defender la ciudad. a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad, por lo que los nobles de Castilla se consideraron agraviados con esta decisión del monarca. que consideraban que ellos hubieran podido defender la ciudad con todas las garantías ya que si fueron capaces de conquistarla lo mismo podían defenderla.



Este claustro descubierto que como digo también se le conoce por “Arcos de San Juan de Duero” se trata de un conjunto de arquitectura románica, pero con una notable influencia islámica. Un monasterio construido en la ribera del río Duero por los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, entre los siglos XII y XIII,  que favorecidos por la acción repobladora de Alfonso I instalaron una de sus fundaciones en este lugar. Del antiguo monasterio construido en el siglo XII sólo se conserva la iglesia románica de nave única con cabecera semicircular.  En su interior fueron adaptados dos baldaquinos que dan paso a la cabecera de la iglesia.  En el exterior destaca la originalidad del claustro  probablemente construido ya a principios del siglo XIII y que es considerado como una obra de arte ya influenciada por el islámico.



Este claustro se sitúa al sur del templo románico y tiene forma de cuadrángulo irregular.   En él cuatro tipos diferentes de arcos, como pueden ser los románicos, los de herradura apuntados, así como dos series de  arcos calados entrecruzados.  Los románicos están  situados al Noroeste y están formados por arquerías de medio punto que apoyan sobre columnas pareadas que a su vez descansan sobre podiun corrido.  Los capiteles de las columnas están decorados con seres reales y fantásticos así como escenas bíblicas como la Epifanía.



En otro de los ángulos podemos ver un tramo de arcos túmidos de herradura apuntados.  Descansan sobre fustes cuádruples cruciformes, algunos con estrías helicoidales, que llegan directamente al suelo y están coronadas con capiteles de grandes hojas vegetales, entrelazos y algunos seres fantásticos.



Llegamos a la parte sureste de la galería donde encontramos arcos calados entrecruzados que descansan directamente sobre  pilastras acanaladas, pues carecen de capitel.  La originalidad de este claustro llega a efectos sorprendentes ya que los arcos túmidos también se entrecruzan en cuatro puntos .

En otro de los ángulos achaflanados podemos contemplar otra puerta de las mismas características que en la esquina NE, aunque con distintas arquerías ya que aquí están formadas por pilares de cortos fustes acanalados.




En la crujía del lado Sur se abre un hueco formado por un arco apuntado y dos semiarcos a los cuales les falta el soporte central sujetados por un capitel pinjante al estilo del zamorano Santiago del Burgo. 

Pasamos al Suroeste donde podemos ver otra serie de arcos acanalados, también entrelazados que están apoyados en columnas pareadas coronadas con capiteles decorados con motivos vegetales.



Continuamos camino hacia San Polo en las orillas del río Duero donde queremos hacer uno de los itinerarios predilectos de Antonio Machado.  El paseo de San Saturio se inicia precisamente en la ermita de San Polo, que fue un antiguo monasterio templario del que quedan ya poquísimos restos.  Enclavado entre huertas aparece San Polo cuya construcción tradicionalmente se atribuye a la Orden del Temple.  



Camino de álamos inmortalizado por los versos de Antonio Machado.  Alguna de sus estrofas se puede ver al final de la ruta, cerca de la ermita.  Aquí se inspiró el poeta mientras contemplaba los árboles que circundan el paseo, a los cuales les dedicó sendos poemas.


He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria -barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra-.


Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.


Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva.     
                 
                                            Antonio Machado
     
   


En este bonito paseo puedes rememorar los versos que ese insigne poeta dedicó a Soria, a sus álamos, a San Saturio.  Era su camino preferido, entre chopos y álamos, hasta llegar a San Saturio en el roquedal, con su ermita excavada en roca viva.  

Hace casi cien años que el poeta abandonó las calles de Soria y, sin embargo, todavía se puede seguir su sombra.  Aquellos árboles, hoy centenarios pudimos contemplarlos en el paseo que dimos.  Ya casi no se distinguen las grabaciones de los enamorados que tanto le gustaba leer al poeta, pero ahí siguen en pie a pesar de su vejez.


Seguimos por el paseo y al final nos encontramos con la Ermita de San Saturio.  Este es sin duda uno de los parajes más bellos de la ciudad que no se debe dejar de visitar. Toma el nombre de un anacoreta que vivió en ella y cuyos restos descansan en el altar Mayor. La ermita esta construida sobre una roca a orillas del río Duero y se accede al interior a través de una cueva.

Quiero aprovechar la ocasión que me brindan estos poemas de Machado para rendir un cariñoso homenaje a mi hermano Jose que tanto nos los recordó e hizo suyos estos versos.





Caminante no hay camino…
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.





¡¡Querido hermano, siempre estarás en nuestro corazón!!

 

 Donde Almanzor perdió el tambor

El nombre de Calatañazor parece que proviene  del árabe “Qalat al-Nusur”, que podría ser traducido por “Castillo del Azor”. En atención al origen árabe de su denominación cabría pensar que también lo es el de la población: mas, no. El poblado se remonta a unos diez siglos atrás. El primitivo asentamiento se corresponde con el de la ciudad arévaca de Voluce que, según estimaciones arqueológicas, podría emplazarse a un kilómetro de Calatañazor sobre un cerro lindante con el río Milanos que se conoce como Los Castejones. Allí habría permanecido Voluce desde el siglo III antes de Cristo, hasta el V de nuestra era, es decir, durante todo el periodo de presencia y dominación romana en la Península. Con las invasiones bárbaras los habitantes de la ciudad debieron encontrar mejor acomodo en el promontorio que ocupa el actual Calatañazor y trasladarse a él.


Calle típica de Calatañazor 

Madrugamos para empezar nuestra jornada, y desde Rioseco de Soria que es el lugar en que nos alojábamos salimos con dirección a Calatañazor que se encuentra a pocos kilómetros y donde teníamos pensado visitar el pueblo,  el sabinar de Calatañazor y la Fuentona de Muriel.  La primera visita será a Calatañazor; "donde Almanzor perdió el tambor" y tuvimos que ir pronto para intentar aparcar pues el día anterior estuvimos allí y tuvimos que desistir, pues era tal la aglomeración de gente que los coches, autobuses y caravanas estaban aparcados hasta por los prados del entorno.


                                                                       
Entramos en Calatañazor, creo que es el pueblo más medieval de esta medieval provincia soriana que milagrosamente se conserva en su mayor parte como era hace cientos de años.  No se como, pero el caso es que ha sido conservado.  Puertas de cuarterón con sus antiguos herrajes al lado de otras de traza moderna, las chimeneas cónicas de chozo de pastor cubiertas a teja partida, pavimento de canto de río rodado, etc.

Las calles pendientes y tortuosas, con estas casas tan pintorescas que tienen todas el mismo carácter, sin que nada desentone en el ambiente, forman un conjunto arquitectónico bello, agradable y armónico.  Construidas de barro y toscos maderos de enebro, que le dan un aspecto que solo aquí podemos encontrar.

                                                                Chimenea cónica de chozo de pastor

El pueblo es de lo más pintoresco que puedas imaginarte y al verlo rodeado de murallas en donde destaca su enorme iglesia de Santa María cuyo ábside hace también de fortaleza, parece que vamos a entrar en una gran ciudad medieval llena de palacios y caserones, pero nada más lejos de la realidad.

Al final de la calle principal, tenemos el Castillo, semiderruido, a cuyo pie se apiñan grandes peñascos.  Las ruinas que aún perduran y que hoy podemos contemplar, son la Torre del Homenaje, que parece haber sido recientemente restaurada, algunos lienzos de mampostería y un par de cubos y algunos de los tambores de la muralla circundante.


                                                          Ruinas del castillo

En el siglo VIII se extendió por España el dominio musulmán que alcanzó, por supuesto, a estas tierras en las que dejó perdurable huella: precisamente en relación con las luchas que en ellas se libraron entre los cristianos del norte y los agarenos del sur, pudo producirse el acontecimiento que ha proporcionado más celebridad histórica a Calatañazor. 

Era el verano del año 1002, cuando Almanzor (Al-Mansur, esto es, “el victorioso”) general de los ejércitos del califa cordobés Hisam II y auténtico caudillo y soberano de Al-Andalus, estragaba como cada estío durante las dos décadas anteriores las comarcas cristianas desde Santiago de Compostela hasta Barcelona. 

                                En Calatañazor Almanzor perdió el tambor

La campaña militar de aquel año le había llevado por tierras riojanas a San Millán y Canales, de donde regresaba a sus cuarteles de invierno andaluces. Lo hacía victorioso, pero enfermo.  La ruta a seguir hacia Medinaceli le haría remontar el puerto de Santa Inés desde Cameros y traspasar el portillo de Cabrejas, para salir al campo abierto frente al peñasco de Calatañazor. Hasta aquí la historia, y en adelante la leyenda.

Sancho García, a la sazón conde de Castilla, que se había enfrentado a las huestes de Almanzor dos años antes en Peña Cervera, donde, si bien resultó derrotado como siempre, apreció quizá debilidades nunca antes advertidas  en los ejércitos mahometanos, bien pudo calcular que había llegado el momento y la ocasión de rendir en  combate   al soberbio Almanzor, envejecido, enfermo y ahora en retirada.

                   Desde esta atalaya podemos contemplar el “Valle de la Sangre”



Así pudo haber sucedido, aunque documentalmente no sea dado asegurarlo ni desmentirlo. La tradición sostiene que “en Calatañazor Almanzor perdió el tambor” que es tanto como decir que perdió su talismán de imbatible y que resultó derrotado. Como la imaginación no está sujeta a rigor histórico, contemplando desde el castillo la extensa llanura hoy llamada “Valle de la Sangre”, puede uno asistir a la carga de las mesnadas de Sancho García contra las decadentes tropas califales y la huida de estas por el camino de Bordecorex hacia Medinaceli. 

En lo más alto del pueblo encontramos la monumental iglesia parroquial. Esta iglesia de Santa María del Castillo se levantó en tres épocas.  A la fase románica pertenece la portada occidental y todo el muro sur. La portada se abre mediante un arco de medio punto algo rebajado y sin decoración, seguido de una arquivolta con hojas partidas y bolas, otra con bocel y un guardapolvo con roleos incisos. Apoyan sobre una línea de imposta vegetales, le siguen los capiteles: uno con Sansón con el león y una arpía y los otros vegetales, y las columnas. Enmarca el conjunto un alfiz biselado adornado con tallos ondulantes.

                                      Iglesia de Santa María del Castillo


Por encima de la portada podemos ver tres arquillos ciegos decorados con una cinta en el borde. Los laterales son rebajados y apoyan en uno de sus lados sobre las jambas, y el central es polilobulado y descansa en columnillas con capiteles vegetales. Corona todo el conjunto un óculo y un arco cegado.

                                      Óculo sobre la portada de la iglesia

El muro sur se conserva con casi toda su estructura románica y está recorrido por cornisa con canecillos de nacela, una saetera y una ventana que en la actualidad están cegadas. En la parte baja se proyecta un arco de medio punto y un vano también cegados. Podemos ver incrustados en algunas partes de los muros varios relieven que pertenecieron a la antigua fábrica, uno de ellos es una  máscara de ojos saltones y enormes dientes y el otro, es un relieve plano donde se representa la Visitatio Sepulchri, con las figuras distribuidas en tres arcos.

       Bajamos del pueblo hacia el aparcamiento y justo al lado podemos contemplar la ermita de la Soledad, situada extramuros, que aunque ha sido muy restaurada todavía nos muestra intacto el ábside y la puerta del muro norte en donde han desaparecido las columnas que tenía antiguamente, pues ahora solamente vemos las jambas.

                                            Ermita de la Soledad

En el ábside se conservan dos puertas tapiadas que fueron abiertas con posterioridad (en el siglo XVII).  Dos columnas de fuste continuo dividen el semicírculo en tres calles en cada una de las cuales se abre una sencilla ventana de medio punto con arquivolta decorada con dientes de sierra.  Tanto los capiteles como los canecillos que sujetan el alero tiene una magnífica talla, destacando en particular una figura que representa a un músico sedente

                                      Portada de la ermita de la Soledad

Aún pudimos ver en las afueras del pueblo las ruinas de una pequeña ermita advocada a San Juan Bautista. Lo poco que queda de la antigua construcción de una sola nave, presbiterio, ábside y espadaña.  Lamentablemente sólo queda algún despojo conviviendo con toda clase de vegetación, pues árboles de regular tamaño campean a sus anchas en lo que antes fue la nave.  Aún conserva en bastante buen estado la portada de medio punto que luce una sencilla decoración,  parte de los muros y lo que queda de una humilde espadaña.

                                Ruinas de la ermita de San Juan 

Desde aquí nos fuimos hasta la Fuentona de Muriel no sin antes darnos un largo paseo por el Sabinar de Calatañazor, que es uno de los bosques de sabina mejor conservados del planeta.  Una mancha verde pura, la más pura de Soria. 

La sabina albar, conocida por los sorianos como enebro, es un árbol resinoso siempre verde que, generalmente, no suele superar la talla de un pequeño árbol. El tamaño excepcional de los ejemplares existentes en este espacio natural.
Las sabinas de Calatañazor destacan por su tamaño, hasta los 20 m de altura y 8 m de diámetro troncal. Esto tiene varias causas entre la que se encuentra que este espacio ha sido aprovechado como dehesa (espacio de pastoreo para el ganado), lo que ha impedido la entrada de matorral y de otras especies forestales y la fertilización del terreno, que se encuentra a pie de ladera en el fondo de un valle con suelos profundos.

Pero aún nos quedaba mucho por andar, seguimos camino hasta la Fuentona de Muriel.  Ya habíamos estado aquí hace unos años y habíamos hecho el recorrido desde el centro de información situado aproximadamente a un kilómetro, pero esta vez Juani se conoce que aún tenía ganas de andar y aparcamos el coche en el mismo pueblo de Muriel y fuimos andando  cerca de tres kilómetros más la correspondiente vuelta, que hay hasta la Fuentona.

                         Aquí comienza el sendero que te lleva a la Fuentona

Es sin duda uno de los más hermosos y paradisíacos parajes de he visto y creo que de esto entiendo algo.  La limpísima y sugerente laguna del nacedero del río Abión, que después de regar y convertir en fértil huerta las vegas de la Tierra del Burgo, cede sus aguas al río Ucero.

La Fuentona de Muriel es el nombre por el que se conoce el nacimiento del río Abión o Abioncillo. Es una pequeña laguna de la cual mana el agua, y aunque nos parezca pequeña, tiene muchos metros de profundidad. La Fuentona sale de una cueva sumergida en forma de sifón que ha sido explorada por espeleobuceadores. Es uno de los parajes naturales más hermosos y visitados de la provincia de Soria. Se accede desde la nacional 122 en dirección a Calatañazor.
El Monumento Natural de la Fuentona esta constituido por un paraje conocido como Los Ojos de la Fuentona que es un acuífero que forma el nacimiento del río Abión y parte de la vega inicial del mismo. El Abión forma, poco después de nacer, un cañón con abundante vegetación y fauna. Este acuífero es una red de galerías bajo el terreno (exploradas en escasos 100m). Se complementa con la Cascada de la Fuentona.

                                                                                                          
En cuanto a la vegetación que habita estas riberas esta constituida por chopos, sauces, espadañales y carrizales con un sotobosque de gayubas, aligas y escaramujos así como tomillo, salvia y espliego. Más alejado del río se abren los bosques de sabinas cuyo máximo exponente es el sabinar que complementa el espacio natural.

La fauna es variada, en los roquedos de los acantilados anidan los buitres leonados y rapaces como el águila real y el halcón peregrino o el alimoche. Los martines pescadores son abundantes al igual que los cárabos. En el agua abunda la trucha.


Gormaz y su entorno

Desde Calatañazor nos vamos a San Esteban de Gormaz, porque allí nos esperan las iglesias de San Miguel y El Rivero. Llegamos algo cansados pues hemos viajado y caminado bastante, pero aquí los días dan para mucho ya que a las nueve de la tarde todavía lucía un sol espléndido.  Fuimos en primer lugar al Parque del Románico para cumplir un encargo de nuestro sobrino Pablo para la directora del centro y aunque estuvimos viendo todas esas extraordinarias maquetas de iglesias románicas de Castilla y León, que queréis que os diga, no nos llenaron demasiado,  a nosotros lo que nos gusta es ver, palpar y sentir lo que nos dicen esas  piedras de los templos románicos cuanto más viejas mejor, pues aunque sea un poco raro, lo que más nos gusta del románico son algunas de las ruinas que tenemos la gran oportunidad de contemplar


                                 Entrada al Parque del Románico 


Dando un paseo por el recinto puedes ver muchas de las mejores iglesias románicas de Castilla y León, pero como he dicho antes los que de verdad amamos el románico queremos ver el original y no la copia y no dejo de reconocer que las maquetas son extraordinarias.
 
Maqueta de la iglesia de San Martín de Frómista 



La siguiente visita será a la iglesia de Nuestra Señora del Rivero, más conocida como "El Rivero", todavía nos acordamos de la última vez que estuvimos que casi no la pudimos ver debido al intensísimo frío que casi nos congela.  Esta vez tuvimos más suerte y el día era espléndido.  El aspecto que presenta este templo es consecuencia de las numerosas alteraciones que ha sufrido con el tiempo y que ha desfigurado por completo su fábrica original, aún así, debido al lugar en que se ubica forma una bella estampa junto al paisaje de su entorno.
 
Iglesia de Nuestra Señora del Rivero 


Lo que a mí me pareció más interesante fue su galería porticada formada por nueve arcos en su lado meridional y dos más en el costado oriental.  Tiene una gran similitud con la de San Miguel, pero aquí en el Rivero los fustes son más altos y esbeltos y la piedra parece diferente.  Los cimacios de los capiteles y las molduras de las pilastras están decorados con flores de seis pétalos.
 
 Parte de la galería de la iglesia


Entre los capiteles que podemos ver en esta galería destacan;  Personajes con el característico atavío del caftán de mangas largas; un animal que parece un león devorando a un cuadrúpedo; Sansón desquijarando al león; un músico tañendo un instrumento de cuerda; un ave con alas desplegadas picoteando a un animal apresado; un personaje con atuendo moruno…
 


 Capiteles de la galería porticada


A muy poca distancia tenemos la vecina iglesia de San Miguel, la más antigua de las románicas de la provincia y una de las más primitivas de toda Castilla.  Erigida seguramente en el último cuarto del siglo XI es difícil precisar la fecha de su construcción, aunque es más fácil saber la fecha  de la galería porticada que se adosó poco después.  En un canecillo situado bajo el alero podemos ver una figura representando a un monje que muestra un libro abierto en el que puede leerse la fecha: ERA MCXVIIII, lo que nos lleva al año 1081 de nuestra era.  También podemos leer el nombre su autor: JULIANUS MAGISTER FECIT.
 

Iglesia de San Miguel en San Esteban de Gormaz


Se puede deducir que si según indica la inscripción esta galería se concluyó en el año 1081, la iglesia tuvo que levantarse algunos años antes.  Esta galería de San Miguel es con seguridad la primera galería porticada castellana.  El templo lo forman una nave con ábside en la cabecera, la mencionada galería porticada, una escalinata que da acceso desde la calle y la torre, aunque creo que es claramente posterior al resto.  Construido en mampostería con sillería en las esquinas y en su estilo se aprecia el primitivismo de esta edificación.
 
Galería porticada de San Miguel


Los capiteles están decorados con algunos motivos  animalísticos de cuadrúpedos, con luchas entre ellos y con una serpiente; vemos también representaciones de animales fantásticos como sirenas de dos colas, elementos arquitectónicos fortificados con arco de herradura y en cuyas almenas vigilan soldados armados con lanzas, motivos vegetales, un pavo real, músicos con instrumento de cuerda, jinetes, figuras humanas tocadas con turbante. 



 Capiteles de la galería porticada


En los canecillos que sujetan la cornisa podemos observar algunos personajes ataviados con vestimentas árabes, soldados, leones, músicos, aves rapaces, serpientes, motivos geométricos, y sobre la clave del arco de entrada, el ya mencionado monje con la data de construcción de la galería. 

Todavía tuvimos tiempo de acercarnos hasta Rejas de San Esteban donde pudimos contemplar dos templos particularmente valiosos.  Están dedicados a San Ginés, el que hace de iglesia parroquial, y a San Martín el otro.  La primera, fue románica en su origen pero, debido a diversas restauraciones sólo conserva de su antigua estructura la galería que fue adosada al muro sur y la puerta por la que se accede al templo desde este mismo pórtico.

Iglesia de San Ginés en Rejas de San Esteban 

La galería está formada por seis arcos de los cuales cinco descansan sobre columnas de doble fuste mientras el arco que hace de entrada lo hace solamente sobre jambas.  En los capiteles podemos ver diversos temas, como dos aves de largos cuellos; un cuadrúpedo enfrentándose a un león; en el tercero, la famosa escena de la barca; animales de aspecto felino, con patas muy largas; dos figuras humanas entre otras dos de animales; o un león atacando a una presa.
               
 
 Galería porticada de San Ginés


Muy cerca, bajando por una de las numerosas callejuelas del pueblo vemos la otra iglesia, la de San Martín.  La existencia de estos dos templos nos puede dar una idea de la importancia que debió tener este lugar allá por el siglo XII, y al contrario que la de San Ginés, esta se conserva mayoritariamente en su estado primitivo.

Como casi todas las galerías de la región, esta de San Martín de Rejas se orienta al Sur. Está formada por siete arcos de medio punto de los que el del centro sirve de acceso. En el muro este se abre otro hueco también bajo arco de medio punto, que proporciona una segunda entrada al pórtico y es el único de descansa sobre jambas y no sobre columnas como todos los demás.

 Iglesia de San Martín
   

Protegiendo la portalada encontramos una galería porticada. Está compuesta por siete arcadas en el lado sur, de las cuales la central es la portada que da acceso al pórtico, y por una arcada, que también sirve de entrada, en el lado este. 



Esta galería está construida enteramente con sillares y sus arcos apoyan alternativamente sobre columnas de fuste doble o cuádruple.  Sobre estas columnas se apoyan capiteles de sencilla ornamentación, a base de motivos vegetales como hojas y palmetas.  

Galería porticada de San Martín 


Esta galería hasta el año 1982 estaba cegada pero en esa fecha se procedió a una completa restauración, se desmontó y volvió a montar para dejarla como estaba en su origen.



Los ocho capiteles que podemos ver en esta galería presentan decoración a base de temas vegetales como hojas de acanto y palmetas. Los arcos están cubiertos por un guardapolvo de puntas de diamante, tanto por el interior como por el exterior.

 
 Capitel de la Galería porticada


El alero está soportado por una buena colección de canecillos que en su mayoría son lisos.